Es la mujer del hombre lo más bueno,

y locura decir que lo más malo,
su vida suele ser y su regalo,
su muerte suele ser y su veneno.

Cielo a los ojos cándido y sereno,
que muchas veces al infierno igualo,
por raro al mundo su valor señalo
por falso al hombre su rigor condeno.

Ella nos da su sangre, ella nos cría,
no ha hecho el cielo cosa más ingrata;
es un ángel, y a veces una arpía.

Quiere, aborrece, trata bien, maltrata,
y es la mujer, al fin, como sangría,
que a veces da salud y a veces mata.

Señor, ¿qué soy yo, que con incesante cuidado
me buscabas, que esperabas
humedecido con rocíos malsanos ante mi puerta,
y pasabas allí las sombrías noches del invierno?
¡Oh, extraño engaño, que no saludé
tu bendita llegada, y oh, qué perdido estoy en el cielo
si la helada cruel de mi ingratitud
ha enfriado las heridas sangrantes de tus pies!
¡Cuántas veces mi ángel de la guarda gritó suavemente:
"Alma, mira desde tu ventana y verás
cómo persiste en llamar y esperarte!"
Y oh, cuántas veces a esa voz de dolor,
"Mañana abriremos", respondí,
y cuando llegó el día siguiente respondí también: "Mañana".

Comments

Popular posts from this blog

Diógenes de Sinope.